Esa noche me llamó.
—Esto no está bien —dijo—. Nada de esto.
—Es el duelo —respondí automáticamente—. La gente hace cosas extrañas.
No estaba seguro de a quién intentaba convencer.
Una boda que llegó demasiado rápido
Después de eso, todo sucedió muy rápido. En silencio. Sin anuncios. Sin celebración.
Laura intentó incluirme.
Flores.
Lugares.
Detalles.
Me negué una y otra vez.
Papá me apartó una vez. "¿Estás bien con esto, verdad?"
Asentí. "Si tú estás feliz".
Parecía aliviado, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.
La invitación llegó semanas después. Una ceremonia pequeña. Solo la familia más cercana. Ni una mención a mi madre. Ni un reconocimiento de lo poco tiempo que había pasado.
Aun así, fui.
Me dije a mí misma que era lo maduro. Lo correcto.
El día de la boda, rodeada de música suave y sonrisas forzadas, repetí el mismo pensamiento una y otra vez.
Esto es solo duelo. Nada más.
El momento en que todo se hizo añicos
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
