Las palabras resonaron extrañamente, no porque fueran difíciles de oír, sino porque lo cambiaron todo. —¿Te quedaste embarazada por FIV?
Lisa asintió, llorando de nuevo. —No se lo dije a nadie. Ni a ti, ni a mamá, ni a Daniel. Me daba vergüenza. Me sentía desesperada. Pensé que si funcionaba, se lo explicaría después y fingiría que había planeado la maternidad soltera con tranquilidad. Pero entonces todo con Daniel empeoró, y cuando descubrí que estaba embarazada, él dio por hecho que era suyo. No lo corregí enseguida.
Emily se quedó mirando. —¿Enseguida?
Lisa se estremeció. —Sé cómo suena eso.
—Suena a locura.
—Lo fue. Lisa se secó las lágrimas. —Debería habérselo dicho en cuanto dijo que las fechas coincidían. En vez de eso, me quedé paralizada. Entonces empezó a hablar de confesártelo, de que quizás el bebé significaba algo, y cada día que esperaba, se hacía más difícil.
Emily volvió a mirar los papeles. La fecha de la transferencia embrionaria estaba claramente indicada. La edad gestacional estimada también coincidía. Biológicamente, el embarazo podía ser del exmarido de Lisa, Aaron Monroe, no de Daniel Parker.
No de su marido.
La verdad debería haberle supuesto un alivio. En cambio, llegó mezclada con un profundo disgusto. Daniel la había traicionado. Lisa la había traicionado. La única diferencia era que el bebé no era otro pedazo de Daniel creciendo dentro de su hermana.
—¿Cuándo pensabas decírmelo? —preguntó Emily.
Lisa no dijo nada.
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