No hay mexicana que me gane dijo la campeona japonesa… y la joven mexicana la dejó atrás en la pista…

Un periodista gritó:

—¡Oye! ¿Qué sentiste cuando la rebasaste?

Ella tardó en responder.

Miró hacia la japonesa.

Y lo primero que hizo no fue hablar.

Caminó hasta ella.

La campeona la miró, sorprendida.

La mexicana extendió la mano.

—Fue un honor correr contigo.

La japonesa dudó apenas medio segundo… y tomó la mano.

Y ahí, frente a todas las cámaras, inclinó la cabeza en señal de respeto.

No había odio.

No había humillación.

Solo deporte.

Pero lo que nadie sabía… era todo lo que esa victoria significaba.

Esa noche, en conferencia de prensa, por fin alguien le hizo la pregunta correcta.

—¿De dónde vienes?

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.