Pero no se había roto.
En el hospital, Eli despertó horas después.
«Mamá… tu medalla…»
Coloqué la estrella chamuscada a su lado.
«Aquí sigue», dije con dulzura. «Y nosotros también».
Sonrió levemente.
«Fuiste valiente hoy», añadí.
Me apretó la mano.
Y en aquella habitación silenciosa, el rango no importaba.
Solo un título importaba.
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