…pero Rhea no respondió de inmediato.

—Señora Calden, por favor vuelva a su asiento original.

El auxiliar de vuelo se apresuró a tomar la bolsa.

—Yo la llevo, ma’am.

Ella se la quitó con suavidad.

—No hace falta. Puedo cargarla.

No era orgullo. Era costumbre. Su cuerpo estaba lleno de límites nuevos, pero seguía siendo suyo.

Regresó por el pasillo mientras las miradas que antes resbalaban sobre ella con desdén ahora la atravesaban con una mezcla de curiosidad, culpa y morbo. La mujer de 3B ya no parecía tan cómoda. Había recogido el bolso de diseño de su asiento contiguo como si quisiera marcar territorio, aunque todo en su postura delataba otra cosa: miedo a perder el control de la escena.

Rhea se detuvo junto a la fila 3.

Markell miró el boleto que la mujer agitaba como si fuera un arma administrativa.

—Su asiento es el 3B —dijo—. Solo el 3B.

—Esto es ridículo —replicó ella—. No voy a volar aplastada al lado de… de una desconocida.

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