—Tiene razón. Solo es un asiento. Y, sin embargo, hubo quien creyó que podía arrebatarlo porque le resultó más fácil cuestionar la presencia de una mujer que verificar un boleto.
El hombre de traje se acomodó en su sitio y no volvió a intervenir.
La mujer de 3B estaba colorada.
—Esto es una humillación.
Rhea estuvo a punto de soltar una risa seca. Humillación. A esa gente le fascinaba esa palabra justo cuando el boomerang daba la vuelta.
—No —dijo ella por primera vez mirando directamente a la mujer—. Humillación fue cuando me pidió moverme porque usted decidió que yo no “tenía nivel” para sentarme aquí.
La mujer abrió la boca.
—Yo nunca dije…
—Sí lo dijo —la interrumpió una voz desde el pasillo. Era una mujer mayor, de cabello plateado, sentada en la fila 2—. Y si vamos a ser decentes, todos la escuchamos.
Otra voz se sumó desde atrás.
—Yo también —dijo un joven con auriculares en el cuello—. Y el tipo de 4C se rio.
El hombre de traje fingió interés repentino por su teléfono.
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