La gente diría que lo perdió todo.
Eso no es del todo cierto.
Yo también perdí algo.
No mi trabajo. No la casa.
Perdí la simple confianza de volver a casa y creer que la persona que estaba allí pertenecía a mi vida.
Al final, todo siguió una lógica simple.
Comenzó con un olor que no era mío.
Y todo terminó con dos personas aprendiendo que cuando la traición se convierte en negocio, al final todos pagan las consecuencias.
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