Alejandro la miró fijamente.
“Entonces aceptaré tu decisión. Y no volveré a mencionarlo.”
Sofía permaneció en silencio. El contrato era tentador. No solo por el salario, sino porque representaba una verdadera vía de escape de la precariedad en la que se encontraba.
Alejandro siempre había vivido allí. Pero trabajar con él… significaba recordar lo que había hecho.
Aun así, accedió a leer el contrato.
Esa tarde, al revisarlo, descubrió una cláusula que no se encontraba en los contratos típicos:
“Confidencialidad absoluta respecto a cualquier interacción personal con el director ejecutivo”.
Su respiración se aceleró. Alejandro sí quería proteger algo.
O protegerse de ella.
Sofía firmó… sin saber que acababa de entrar en una guerra silenciosa que cambiaría la vida de ambos.
La verdad que nadie esperaba
Los primeros días trabajando directamente con Alejandro fueron tensos. Mantenía una distancia profesional impecable, como si quisiera demostrar que la noche que compartieron nunca había ocurrido. A veces era tan correcto que resultaba incómodo.
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