Bailó con su amante embarazada, creyendo que había arruinado a su esposa, hasta que ella detuvo la fiesta y reveló su perfecta venganza.

Por las noches, los recuerdos la atormentaban. La sociedad se volvió contra ella, difundiendo rumores de que lo había perdido todo por no poder darle un hijo a Mauricio.

Pero Elena no se rindió; se adaptó.

Su hermana Rosa llegó de Monterrey, trayendo consigo ahorros y un investigador privado. Juntas, descubrieron la verdad: el imperio de Mauricio era inestable. Sin Elena, sus proyectos estaban fracasando. Su única esperanza era ganar el Proyecto Kukulcán, o arriesgarse al colapso total.

Lo que él no sabía era que el proyecto pertenecía legalmente a Elena.

Utilizando sus últimos recursos, fundó discretamente una nueva empresa y contactó con inversores internacionales, demostrando así su papel como la verdadera artífice del éxito de Mauricio y exponiendo su fraude.

Su venganza no se produciría en los tribunales.

Sería pública.

La Gala
En la Gran Gala de la Construcción, la élite mexicana se reunió para presenciar el anuncio del ganador del Proyecto Kukulcán.

Mauricio llegó con confianza, acompañado de Valeria, visiblemente embarazada, y su madre, que presumía orgullosa a su lado.

Entonces entró Elena.

Vestida de un rojo intenso, serena y poderosa, dominó la sala. Mauricio se quedó paralizado; su copa se le resbaló de la mano.

Momentos después, se hizo el anuncio:

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