Pero algo no me cuadraba.
El frasco en sí.
Parecía viejo, pero el fondo no era liso como debería.
Le di la vuelta.
Nada.
Quizás le estaba dando demasiadas vueltas.
Abrí otro.
Y luego otro.
Cuando llegué al duodécimo frasco, me quedé paralizada.
En la base, bajo una fina capa de arcilla seca, había tenues grabados.
Rasqué suavemente.
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