Aparecieron letras.
«Hora del gallo. Tres. Siete. Mezquite. Sombra».
Se me aceleró el corazón.
Esto no era casualidad.
Era un mensaje.
Un código.
Esa noche no pude dormir.
Las palabras resonaban en mi mente como un rompecabezas por resolver.
¿Para quién era?
¿Por qué ocultarlo así?
A menos que…
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