"Me deportaron, Raúl", dije con la cara más triste que pude poner. "Una redada. Regresé sin nada".
Esperé el abrazo.
El "Entra, hermano, esta es tu casa".
Pero no se movió. Bloqueó la entrada, mirando nerviosamente hacia adentro. “Es… complicado. Tenemos visitas. Mis suegros. Unos amigos…”
“¿Y?”, dije con un nudo en la garganta. “Soy tu hermano. Tengo hambre”.
Suspiró.
“Aquí tampoco andan bien las cosas. Desde que dejaste de mandar dinero, nos hemos tenido que apretar el cinturón. No sé si hay espacio para ti”.
Entonces mi madre, doña Lupita, salió despacio, apoyada en su bastón.
“¿Quién es, mijo?”
Al verme, abrió mucho los ojos. Pensé que correría hacia mí.
Pero Raúl la detuvo.
“Mamá, deportaron a Miguel. No tiene nada. Se va a quedar aquí”.
Mi madre se quedó paralizada. Me miró. Luego a él.
En sus ojos vi cálculo. Miedo. Otra boca que alimentar.
“Bueno… ve al patio, hijo. A ver qué te podemos dar”.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
